La
Mirada exuberante. Barroco novomundista y literatura latinoamericana. Lois
Parkinson Zamora. Iberoamericana 2011.
El barroco del siglo XVII en Europa y su
transferencia hacia Iberoamérica; 2. La constitución de una tradición americana
barroca con variantes regionales; 3. Las variantes del Barroco en Europa; 4. El
surgimiento del Neobarroco en Europa y en América Latina; 5. La diferencia
entre el retorno conservador y nostálgico al barroco y el retorno posmoderno
del barroco.
En todo caso, la nueva ronda del debate
sobre el Barroco y Neobarroco ha comenzado: la imagen es, otra vez vínculo
(Gruzinski 1990: 218)
Coincidiendo
en ciertos puntos de esta agenda y distanciándose de otros el libro de Lois
Parkinson Zamora profesora de literatura latinoamericana de la Universidad de
Houston, La mirada exuberante,
traducción de The inordinate eye
publicado en 2006, representa una actualización y una nueva mirada al tema del
barroco y neobarroco latinoamericano, una de las cuestiones que más
apasionamiento ha producido en los escritores y académicos latinoamericanos,
estadounidenses y europeos, debido a su rica significación literaria y
artística. El barroco ha sido celebrado como gran ejemplo del mestizaje
cultural americano, lo que llevó a que se convirtiera en uno de los referentes
de identidad más recurrentes por los escritores latinoamericanos. Es notable el
interés de distintos que han tenido hacia el barroco, como Ruben Darío, o como
Octavio Paz, cuya biografía sobre Sor Juana Inés de la Cruz es considerada por
académicos como Irlemar Chiampi como una obra que recupera al barroco para el
siglo XX.
Por
esta razón, Parkinson Zamora plantea analizar tanto obras literarias como obras
visuales, que complementan la visión del barroco latinoamericano. La mirada le
sirve a la autora como metáfora de la forma de ver que plantean los artistas y
los escritores latinoamericanos, es una mirada que plantea una visión del mundo
que resignifica, mezcla y transgrede la estética europea. La mirada también se
relaciona con la visión que la autora propone Parkinson Zamora, al incluir
tanto lo visual cómo lo escrito en su análisis de los aspectos estéticos e
ideológicos de las obras que estudia.
El
libro recoge la tradición de pensadores que han reflexionado sobre el barroco,
desde Walter Benjamin y Gilles Deleuze a Alejo Carpentier, José Lezama Lima, y
Severo Sarduy, que se vuelven referencias fundamentales en sus análisis.
Siguiendo
la tradición de autores franceses como Serge Gruzinski, la autora toma a México
como modelo de la formación del barroco americano, debido al encuentro de
culturas que se dio allí con la conquista. La figura de Coatlicue, la diosa
madre azteca se convierte en el arquetipo de la imagen metamórfica y
transcultural barroca, figura que reaparecerá como la Virgen de Guadalupe, en
los murales de Saturnino Herrán y Diego Rivera, en las pinturas de Frida Kahlo
o en la obra de Octavio Paz.
Partiendo
de la representación indígena en los códices, con la intención de mostrar la
representación indígena, cuenta como ésta se mezcló con las formas artísticas
españolas, para pasar a examinar los murales de Diego Rivera, pintor que recoge
esa tradición y se dedica a pintar la historia y la cultura mexicana,
actualizando la tradición azteca de representación. Paralelamente analiza la
obra de de Elena Garro, autora en cuyas novelas se despliega un mural
literario. En el siguiente capítulo la autora revisa las teorías sobre el
barroco hechas por Carpentier, Lezama Lima y Sarduy, con la intención de buscar
cómo conciben el espacio. Para ejemplificar esta búsqueda, analiza el espacio
en las novelas de Carpentier, como Concierto
barroco y El siglo de las luces
con la relación del barroco con lo real maravilloso y en los paisajes del
pintor francés Francois de Nomé, (1593-1620).
En
el siguiente capítulo se aborda la formación de la subjetividad barroca, que se
expresa por escrito en Del amor y otros
demonios de Gabriel García Márquez y en las imágenes de Frida Kahlo. En la
obra de estos dos autores, escrita una y otra visual, Parkinson Zamora
encuentra recreaciones de las imágenes de vírgenes y santos barrocos, que son
resignificados en sus obras, para expresar una sensibilidad, una cosmovisión y en particular, una manera de representar a la mujer. En este punto la obra de Kahlo le sirve
para ilustrar el barroco popular, estilo en el que la pintora se basó para crear sus autorretratos.
En el cierre de la obra, la autora se aparta de los pensadores que han incluido al neobarroco como una vertiente del posmodernismo, al explicar que el barroco surge dentro de la modernidad para transgredirla, formando lo que algunos autores han denominado “modernidad alternativa”. En fin, esta obra sustentada y sugestiva, es un aporte a los amantes del barroco tanto en su vertiente artística como literaria, además abre el espacio para nuevos análisis e investigaciones sobre los nexos entre la historia del arte y la historia literaria, planteando miradas interdisciplinarias y comparativas en el estudio de la literatura.
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